jueves, 1 de febrero de 2018

UN AMIGO

Para un tierno compañero 

¿Cómo despedimos a un amigo?
¿Nos  empañamos los lentes y
nos cubrimos el rostro?
¿Miramos hacia atrás, con
sonrisa tierna, y dejamos ecos
en las huellas de sus pasos?
¿Nos quebramos en los laberintos
de la furia y maldecimos a los
fantasmas impasibles de los astros?

Cuántos ojos han callado en el vacío,
cuánta lágrima ha ardido en culpa
mientras resbalaba por las mejillas secas.
Cuánto frío exhalaban las liturgias muertas
del  devorador, de nuestro maligno creador.
Qué ingenuas esperanzas suspiran en el fuego,
bajo el lente de esos ojos extáticos que,
aturdidos en morbo, ríen.

¿Cómo  despedimos a un amigo si sus
ojos eran vida y luz?
Ahora su canto no inundará la casa,
su discreta compañía reposará
en lugares furtivos.

Nunca dio una palabra,
nunca sonrió en complicidad.
Pero lo sabemos, lo dio todo.
Nunca sintió más dicha que al ser nuestro amigo.

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